Es posible creer que el verdadero sentido del perdón se encuentra entre las cosas más venerables y sublimes que una persona puede llegar a alcanzar, pero en verdad ¿Cuánto hay de realidad en todo esto?

Sinceramente, somos capaces de entender el verdadero mecanismo del perdón ya que es una palabra tan trillada y muy poco comprendida en su verdadero significado.

Poner la otra mejilla no nos eleva automáticamente hacia el nivel máximo de la espiritualidad como comúnmente se cree, si en este proceso solo logramos esconder y reprimir la ira que sentimos en lo más recóndito de nuestro ser, cuando en una situación injusta nos sentimos agredidos, difamados, o estafados moralmente, fingiendo una virtud inexistente disfrazada de una equilibrada paz que naturalmente no poseemos.

Con todo esto lo único que habremos logrado es acumular una poderosa energía negativa, nociva para nuestra salud física y mental, solo bastará una situación inconveniente para que la acumulada ira concentrada en nuestro ser, tenga el escape de una bomba que libera su lúgubre energía devastadora, que una vez detonada es imposible enmendar el perjuicio ocasionado.

Aun sabiendo el daño colateral que todo esto acarrea, también es casi imposible evitar que ocurra, sin la debida comprensión y entrenamiento mental, lograr ese equilibrio emocional que para su dominio se requiere. En definitiva, qué entendemos por perdón, si aún seguimos creyendo que poner la otra mejilla, aceptar resignadamente lo que ocurra y tratando con nuestro mayor esfuerzo de cambiar al mundo, son el verdadero camino hacia el perdón. Lo único que lograremos es llenarnos de ira, frustración y sometimiento; porque perdonar no es olvidar, ni un acto voluntario, ni una obligación, ni negar lo que nos pasa interiormente, tampoco deja una relación como antes, ni exime al ofensor de su responsabilidad, ni tampoco manipular o someter al otro y mucho menos traspasar la responsabilidad a Dios.

Más que perdonar al otro se trata de perdonarnos a nosotros mismos, para no perpetuar el daño y poder vivir en el presente.

Enfocar al perdón como un proceso de aprendizaje y comprensión que nos sane y nos haga crecer, comprendiendo sobre todo la raíz del actuar y la reacción de las personas. Revisando la ofensa con objetividad nos daremos cuenta que nadie puede dañarnos si no tomamos por cierto o contundente a dicha ofensa, y en ese estado permítase comenzar a entender al ofensor poniéndose en su lugar, percatandose de que todo está bien para usted, dejará ir al ofensor en paz renunciando a la venganza. Luego la decisión de renovar la relación es solamente suya, porque el derecho de alejarnos de quien nos hace daño también nos pertenece, y en definitiva nadie cambia si realmente no quiere hacerlo, porque el cambio comienza en uno mismo y no por los demás, aunque así pongamos nuestro mayor esfuerzo para que ello ocurra.

Perdonar no es una virtud con la que nacemos naturalmente, perdonar es un proceso de comprensión y aprendizaje que nos da liviandad a nuestra mente y nuestro espíritu, nos da lo más preciado que como humanos podemos llegar a alcanzar, ¡LA LIBERTAD!

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