¿Cuál es el verdadero valor o mejor dicho cuál es el precio que le damos, en nuestra balanza interior, al equilibrio justo entre nuestra vida y el dinero?

¿Acaso somos capaces de preguntarnos y responder con la mayor honestidad, si no afecta en menor y mayor grado a nuestra integridad, nuestra personalidad y la manera que tenemos de ver al mundo, el hecho de poseer y sentir la fuerza del poder de una gran cantidad de dinero en nuestras manos? Será que sólo podemos percibir el lado material de lo que el dinero representa, haciéndose más difícil aún percibir la otra cara, ese lado altruista y benefactor que solo se alcanza a través de él, porque al decir verdad no es lo mismo ayudar a unos cuantos, cuando el beneficio y la ayuda puede alcanzar a miles.

Sabemos que en sus orígenes, el dinero fue creado para acrecentar el poder de unos cuantos, el mismo poder que se ejerce entre amos y esclavos que no difiere mucho entre los poderes económicos actuales y el resto de la población mundial; porque es difícil aceptar que quien ejerce el poder es el mismo que genera el ingreso económico en común, ya sea en una pareja, una familia, o en una sociedad en su conjunto

En lo que al dinero se refiere, es ese lado oscuro de nuestra humanidad que parece saber interpretar, en la mayoría de los casos, el poder tergiversado del dinero.

Es casi imposible comprender cuál es la verdadera intención de unos cuantos, que se encargaron a lo largo del tiempo, de que creyéramos y aceptáramos de que el poder del dinero es sólo para esos mismos cuantos. Esto se ve reflejado cada vez que nos repetimos a nosotros mismos, que debemos trabajar duro para conseguir el pan de cada día, cuando sabemos de sobra que no se es millonario por trabajar de sol a sol, porque existen diferentes, inteligentes y honestos que nos llevarán al dinero, y el de trabajar de sol a sol no es uno de ellos, este sólo es un camino circular que nos conduce inevitablemente hacia el mismo punto de partida.

Podemos citar también ciertas doctrinas religiosas diseminadoras de fe, humildad y pobreza, como si una cosa tuviera que ver con la otra y no son exactamente representantes fiel de lo que dicen; con sus templos lujosos e instituciones millonarias, con un arca de tesoros invaluables llamados patrimonio de la humanidad y con un flujo de dinero constantes, provenientes de instituciones menores y colegios privados de categoría, de los cuales sólo un pequeño porcentaje de su patrimonio total va destinado a beneficencia, que a mi entender es la única representación de pobreza que pregonan, dado que es verdaderamente pobre el altruismo destinado a combatir el hambre y la pobreza mundial.

Como aquellos poderes económicos del mundo que destinan un efímero porcentaje de su patrimonio neto a beneficencia, sólo con la disfrazada intención de reducir el pago de impuestos. Toda esta manera oscura y perversa sobre el flujo del dinero son lo que reafirman la diferencia entre los ricos y pobres, e introducen en nuestro pensamiento el paradigma del dinero, equivocado y manipulador, donde el convencimiento sobre la dignificación de la pobreza es malintencionada.

Como también son malintencionadas, esas soluciones bancarias sobre créditos hipotecarios, tarjetas de crédito, y todo tipo de malas deudas adquiridas, donde la solución sólo representa una cadena poderosa y esclavizante, para nada más hipotecar el futuro camino de nuestra libertad económica.

Es a cuentagotas la manera en que nuestra libertad de pensamiento ha sido obstruida a través del tiempo, y cómo el paradigma del dinero ha sido utilizado para que creamos que ser rico es “malo” y que el poseer dinero es sólo elección del destino o herencia de unos cuantos, mientras que nosotros sólo heredamos la aceptación de la pobreza y la carencia de vivir indignamente.

Está en nosotros, romper con ese paradigma por siglos inculcado y que no desconfiemos en nuestra capacidad de generarlo inteligentemente en razón al acceso de una vida digna.

Porque lo malo no está en el dinero mismo, lo malo está en el uso que hacemos de él y el poder tergiversado que ejercemos en su manejo.

El dinero en nosotros actúa al igual que un filtro, donde el desperdicio de nuestra humanidad coquetea con la realidad y el poderío que nos da el mismo, desnudando y desenmascarando a nuestro verdadero YO, donde los fantasmas del falso orgullo, la codicia y la vanidad, afloran para materializarse a través de un simple trozo de papel y en donde la inversión hacia el crecimiento de nuestra verdadera humanidad es de un cero por ciento.

Todos tenemos el derecho hacia la dignificación que el dinero otorga, pero también adquirimos la obligación de ayudar a los que menos tiene, porque la pobreza mental y espiritual es la mayor de las pobrezas, aunque se tenga todo el oro y el dinero del mundo.

Debemos cambiar nuestra mentalidad si es que queremos cambiar nuestra realidad, analizando detenidamente con una mente libre y equilibrada frases como: “No es más rico aquel que más tiene, sino el que menos necesita”, nos empujan hacia el conformismo y la aceptación de la mediocridad de la pobreza; porque es muy frágil la línea entre la necesidad de vivir dignamente y la aceptación de vivir en la indignación de la carencia.

Todos tenemos el derecho, la capacidad y la fuerza necesaria para recorrer el camino hacia el éxito, porque para ello fuimos creado sin caer en la bajeza de la codicia y la ambición desmedida. Solo miremos a nuestro alrededor, la vida está llena de oportunidades, esperando a que las veas para cambiar tu realidad, rompiendo con las cadenas del trabajo mal pago y el paradigma malinterpretado que nos inculcaron acerca del dinero y la dignificación de nuestra vida.

No te vayas sin comentar: