Dicen que si buscas la verdad corres el riesgo de encontrarla. Esto es el tipo de frase con la que ninguna persona aferrada a sus creencias y sin ningún pensamiento libreo, debería iniciar cualquier búsqueda hacia el camino de la verdad y el despertar de su conciencia.

Pero esta palabra (verdad), tantas veces utilizada y repetida por gurúes y pseudo maestros, y por qué no pastores y sacerdotes, sin tener el más mínimo conocimiento experiencial de lo que dice solamente lo que la inteligencia intelectual le permite repetir después de años de estudios sobre libros sagrados o teorías filosóficas y teosóficas realizadas por diversos maestros, ello solo te hará repetidor de conceptos pero nunca te harán un verdadero sabio y mucho menos conocedor o poseedor de la tan preciada “verdad”, porque  para alcanzar dicho nivel, deberíamos también incurrir sobre aquellos libros o textos apartados de la bibliografía religiosa, como el libro de Enoc, los evangelios apócrifos, o los manuscritos del Nag Hammadi, textos que retan a todas las creencias y religiones tradicionalistas, como también a tu imaginario equilibro (emocional-espiritual), porque dicho equilibrio no se consigue a través de gurúes o por aquellos autodenominados maestros, si no por el camino que recorras tú mismo, el del autoconocimiento individual, tratando de comprender todo libro que te ayude en el camino de despertar de tu conciencia, pero siempre con una mente abierta y vacía de creencias y con un espíritu libre.

No se es sabio ni maestro por predicar lo que se ha leído o estudiado por mucho tiempo, sino por experimentar en carne propia todo aquello que predicas o promulgas, o esto se denomina, “encarnar la verdad”; el hecho de alcanzar tan alto grado de sabiduría espiritual es lo que te hace “ser” o investir a un verdadero Maestro.

Un maestro posee la capacidad suficiente para definir a Dios, pero no desde la sabiduría de los libros, sino desde la sabiduría superlativa de su ser y su existencia; porque no es cierto aquello de que nunca nadie ha visto a Dios, o por lo menos no como nosotros pretendemos, porque así como la energía eléctrica o el oxígeno es imposible visualizar, si es factible usar su poder, sentir y percibir su presencia; de la misma manera esa energía o fuerza creadora (Dios) podemos contactarla y percibirla en todo aquello que nos rodea; y prueba de ello queda demostrado hasta en el más simple cálculo matemático, porque de la nada solo nada puede existir.

Quizás sea porque el debido concepto de Dios sea mucho más complejo por el escaso nivel evolutivo conciencial que poseemos y en el cual nos encontramos estancados e inmersos.

Una energía superior ha tenido que existir para que exista todo lo que nos rodea, desde el más diminuto grano de arena hasta la inmensidad del cosmos, o sea que para que la materia pueda existir, antes ha tenido que existir algo como un ente creador. Pero todo quedará comprobado cuando en una ecuación matemática se fusionen ciencia y espiritualidad, o en una teoría cuántica se comprenda la unión del ser con los cuatro elementos de la materia viva, el cual abrirá el camino hacia el verdadero conocimiento de Dios.

Mientras tanto, es preciso saber que no necesitamos la ayuda de la inminente muerte para lograr sentir la presencia de Dios, lograr verlo y percibirlo es una tarea mucho más simple, vital y humana de lo que nosotros creemos y mucho más relacionada con nuestro ser interior, sólo hace falta dejar de ver con los ojos de la carne y aprender a ver con los ojos del alma, sobre todo comenzar a escucharlo con los latidos de tu corazón, solo ahí en ese momento podrás percibir y ver a Dios en la majestuosidad y belleza de todo lo que te rodea, del cual también eres parte.

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