En realidad, podemos estar agradecidos por un montón de cosas… pero aún así, no lo estamos. Nos privamos de la sensación abierta y feliz de la gratitud, debido a que creemos de que no hay nada por lo cual estar agradecidos, Este momento no es como me gustaría que fuera.

“¡Estaré agradecido cuando logre encauzar mi vida!. ‘Estaré agradecido cuando obtenga mi aumento de sueldo!. Estaré agradecido cuando… alguna vez… alguna vez… Estaré agradecido, cuando las circunstancias de mi vida sean como éstas o aquellas.”

Nunca estarás satisfecho, y por lo tanto: nunca serás agradecido.

Cuando alcanzas la meta que has apuntado, puedes salir por un tiempo y luego celebrar tu éxito con una fiesta de sexo impresionante después de unos vasos de vino tinto. Pero quizás quieras hacer esto de una forma más moderada: vas a casa, tomas una cerveza, miras un partido de fútbol en la televisión – mientras te sientas y disfrutas del gusto del éxito, lo cual sucede en el presente: “Esto es tan bueno, logré esto, me calmé. Estoy agradecido, porque funcionó.”

Entonces pasa un tiempito y el funcionamiento de la mente regresa: “¡Aún tienes mucho que hacer, no tienes tiempo para disfrutar el momento presente. Aquí hay una nueva meta, necesitas trabajar muy duro para esto!.”  – y encuentra un objetivo para sí mismo, que está distante y proyectado en el futuro, puedes tomar esto por sentado. “¡Estaré agradecido, cuando consiga esto hecho también!”

Cuando estabas feliz por tu éxito, te sentías agradecido, sentías una relajación interior (“Hice esto también, ahora puedo descansar un poco”), entregaste al momento presente: el cantar de los pájaros se volvió un poco más hermoso, el sol brillaba con aún más calor, las flores eran aún más impresionantes, etc …

Lo que es más, el insoportable vecino parecía ser más amable, “más humano”. Dejas que el momento presente te lleve con facilidad, paz, tranquilidad y apertura. Te abriste a ella para aceptar su plenitud, su belleza. Vivías en la magia del momento presente.

Y entonces apareció la mente con una meta para ser perseguida y – ¡Boom! – destruyó la belleza de la presencia feliz y placentera. Comienzas a planear de nuevo, los engranajes en tu cerebro comienzan a girar, tu cabeza duele, estás tenso y sufres.

¡Experimenta la maravilla de ser agradecido! Suéltate, extiende tus brazos, respira y suspira:

“¡Oh gracias! ¡Estoy agradecido de estar vivo, estoy agradecido!” – y comienza a enlistar todas esas cosas que te hacen (o podrían hacerte) sentir agradecido.

Y como realizas la práctica de ser agradecido, cierta clase de maravillas ocurren: tu tensión se disuelve, el general previamente menguado, preocupante y sobreprotector (el ego) desaparece, puede incluso haberse ido completamente.

Abriste, aceptaste y abrazaste el mundo en su completa belleza – tal y como realmente es. Te despertaste del sueño de la mente como un abierto, pacífico y feliz observador. Ya no peleas contra el universo, lo abrazas ya partir de este momento, el Todo está de tu lado: te ayuda con pequeñas maravillas, alegrías – por las cuales puedes estar agradecido de nuevo.

¡Sonríe ahora! Extiende tus brazos, respira el aire, y abraza el momento presente al mismo tiempo. Exhale un gran suspiro: “¡Gracias. Gracias por todo! “… Y disfruta de los efectos de… ¡sólo una sonrisa!

 

Del libro de Ervin K. Kery“The Art of Mindfulness: Jump into Consciousness” 

No te vayas sin comentar: