Si tuviéramos que mencionar alguna historia en particular, la cual tendría lo fantástico y paranormal como un sello predestinado en lo divino o sobrenatural, esa sería Helena Petrovna Blavatsky, que ya desde su nacimiento estuvo marcado por lo extraordinario y paranormal.

Nació en 1831 en la provincia de Ekaterinoslav, pequeño poblado al sur de Rusia, y desde su bautismo, los hechos paranormales se hicieron frecuentes, incendiándose el lugar y las ropas del sacerdote que intentó bautizarla. Según sus relatos, veía hadas, duendes y elementales de la naturaleza, también decía que veía sombras que para ella era gente muerta.

Helena creció en sus abuelos, ellos enseñaron la belleza que existía en los bosques, en la naturaleza, hasta en la propia filosofía, totalmente influenciada sobre las historias y viejas leyendas Rusas que abuelos le contaban. Esas historias le marcaron para toda la vida, porque ese misticismo con el que creció, le envolvió el alma como ella misma decía. Desde entonces su vida entera fue dedicada a la búsqueda de los secretos y conocimientos ocultos que hasta entonces era desconocido para occidente.

Ella pertenecía a una casta que para esa época, las buenas costumbres y la apariencia eran sumamente importantes. Por esa misma razón, su familia querían controlar a Helena, quien ya para entonces era una joven rebelde de un carácter terriblemente difícil, le prohibían salir de su población y que buscara el amor por ella misma; la cual respondía con frecuentes escapes de su hogar debido a esa imposición insoportable.

Un acontecimiento muy trascendental en su vida le ocurrió a los 14 años de edad. Montando a caballo, algo que era normal dentro de la aristocracia, lógicamente no como lo hacía una damisela común, y en un salto estrepitoso del caballo, ella cayó, quedando su pie amarrado al estribo. Un presencia invisible impidió ser arrastrada y golpeada con las piedra, la cual la sostuvo todo el trayecto que el caballo recorrió. En otras palabras, contaba claramente con seres de otras dimensiones que la cuidaban.

A los 17 años y como una manera de escaparse de su familia, se casó con Nikifor Blavatsky, de 40 años, vicegobernador de la provincia de Ereván, en Armenia; del cual huyó quedándose únicamente el apellido por el cual fue conocida.

Una vez fuera de Rusia, se dedicó a recorrer el mundo, la cual no dio una vuelta, sino 4 veces. Sus puntos claves fueron Egipto, Turquía, Grecia. Fue en estos lugares donde profundizó sus estudios sobre Esoterismo, en búsqueda de esa sabiduría antigua que dichos lugares le otorgaban; llegando hasta América del Norte aprendiendo de los Chamanes y Nativos, que tenían esos primeros conocimientos..

Pero fue hasta en 1851 cuando llegó a Londre donde encontró el maestro que más marcó su vida llamado Kuthumi. Él le habló de dos cosas muy importantes, una de ellas fue la bomba atómica 100 años antes de que eta fuera lanzada, la cual era una profunda preocupación para este maestro.

La segunda cosa importante fue un libro maldito que era terminantemente prohibido y que se escondía en el lugar más oculto del Tibet – El Libro de Dzyan – que habla sobre el verdadero origen del hombre y el universo. Este fue encontrado por Blavatsky, la cual logró traducir algo de su contenido para occidente, siendo conocido bajo el nombre “Las Estancias de Dzyan”.

Blavatsky decía conocer el secreto para la comunicación con los muertos (espiritismo),pero mucha gente del círculo de Espiritismo y paranormal estaban enojados y muy en desacuerdo con sus aseveraciones; porque ella decía que no existía un más allá, que no existía el dicho lugar donde van los muertos. Mas bien, aseguraba que se encontraban aquí, pero simplemente no podemos verlos. Ella hablaba de que los muertos eran un recuerdo remanente en el ambiente y que era algo más de lo que siempre se ha dicho

En 1875 conoce a la persona más importante en su vida, al coronel Henry Steel Olcott. Junto él crearon la Teosofía, algo muy importante en el mundo ocultista. Lo que pretendía esta sociedad teosófica era unir las doctrinas esotéricas orientales con las occidentales. Fue la pionera sobre todo lo conocido sobre el Karma, registro akáshicos, reencarnación; haciendo todas estas más entendibles para occidente.

Blavatsky y Olcott

Conceptos sobre la Sociedad Teosófica

La sociedad Teosófica poseía 3 grandes principios:

1 – Crear una unidad fraternal universal, un lugar donde no existen distinciones, sexo, razas, religión; un principio de igualdad y equidad.

2 – Crear una fusión entre la ciencia, la filosofía y las artes, para combinar todo en una sola. Ella aseguraba que la ciencia por sí sola puede llegar a puntos dogmáticos y cegarnos; al igual que las religiones separadas hablaban de algo parecido, pero sometían al ser humano y por esta razón debía buscar una fusión con la filosofía.

3 – Estudiar la naturaleza y el alma de todos los seres vivos, buscar la respuesta a preguntas como el por qué estamos aquí y el alma como pieza clave, buscar el conocimiento verdadero de Dios, ya que decía que primero teníamos que llegar a nosotros mismos para poder entender el concepto teosófico sobre Dios.

No hay mayor religión que la verdad, decía Helena, renegando en el camino de las religiones oficiales y la ciencia infausta y positivista.

De poderosísima imaginación, impulsiva, voluntariosa y excéntrica, madame Blavatsky recorrió contra los vientos de su época, pueblos, creencias y semidioses desde oriente hasta occidente. Sus dos libros más importantes (aunque tuvo muchos más), como Isis sin velo, y La Doctrina secreta, refracta al máximo su búsqueda incansable de la verdad y el conocimiento oculto.

Muere en Londres en el año 1891 rodada de sus discípulos, pero su legado quedó muy presente con el coronel Olcott y Annie Besant, una activista inglesa que había sido con anterioridad atea y socialista. Su último pedido fue que permanecieran unidos para que su última reencarnación no haya sido en vano.

Un fragmento de Isis sin Velo:

“[…] “Por qué asombrarse de que Gautama Buda muriese con plena serenidad filosófica?. Como acertadamente dicen los cabalistas, la muerte no existe y el hombre jamás sale de la vida universal. Aquellos a quienes creemos muertos, viven todavía en nosotros, como nosotros vivimos en ellos. Cuanto más uno vive por sus semejantes, tanto menos temor debe tener en morir, a lo cual añadimos nosotros que el que vive por la humanidad, hace más aún que aquel que por ella muere”.

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