“Aquel que desee vivir en un arte marcial oriental, en vez de sólo practicarla en un nivel físico, debe entrenar su conciencia para obtener una autodisciplina que al menos su mente consciente se fusione en una identidad con el principio de la vida misma.”  – Maurice Zalle

La práctica tradicional de las artes marciales está experimentando una especie de renacimiento, y esto es debido en gran parte al hecho de que hay muchas personas que se están dando cuenta de los componentes esotéricos y espirituales detrás de los estilos ampliamente conocidos. Las artes ya no son consideradas como remanentes de viejas culturas, sino que son métodos válidos y efectivos para logar el crecimiento espiritual. Las artes marciales fueron en realidad, creadas para éste propósito desde el principio.

Una herencia espiritual

En el año 475, el monje indio Bodhidharma llegó al sur de China. En su llegada viajo a la provincia de Huan donde pasó 9 años meditando, frente a un muro de roca de una cueva. Cuando el monje salió de su retiro, se topó con un pequeño templo de montaña aproximadamente a una milla llamado Shaolin. Bodhidharma se impresionó al ver la terrible condición de los monjes del templo Shaolin que practicaban ejercicios de meditación a largo plazo que, mientras los hacía espiritualmente más fuertes, destruían totalmente su salud física.

Bodhidharma creó un régimen de ejercicios para los monjes que implicaban técnicas físicas que eran eficientes en el fortalecimiento del cuerpo, y eventualmente, se podrían usar para defenderse de los ladrones de viajes inevitables y de bandas provenientes del área en ese momento. Éste último beneficio fue un simple beneficio secundario de la práctica. La formación era su principal objetivo. La principal preocupación era siempre mantener la fuerza física de los mojes para el propósito de la meditación. Estos ejercicios físicos se desarrollaron en lo que ahora conocemos como las Artes Marciales.

Entre las numerosas opciones contemporáneas para desarrollar el espíritu, las artes marciales siguen siendo como unos de los sistemas más antiguos, y universalmente más efectivos para enseñar ideas internas que despiertan las dimensiones espirituales en todos los aspectos de la vida.

El sendero físico hacia la iluminación

El verdadero valor de las artes marciales no radica en aprender la técnica o el sistema en sí, sino que está en la adquisición de cualidades internas particulares que son desarrolladas a través del proceso de aprendizaje. Los ejercicios físicos son los ejemplos concretos de los principios filosóficos abstractos. El sistema de juego de piernas enseña al estudiante acerca de las cualidades de la energía, del flujo y reflujo, y del poder creativo y destructivo de ambos. El patrón del juego de manos enseña al estudiante acerca del balance, la dinámica y de la intuición natural del espíritu.

Las acciones de bloqueo, desviar, golpear, romper y tirar, todos contienen conceptos que se pueden aplicar al espíritu humano. Después en combate, unimos todos esos conceptos y en el proceso descubrimos nuestra propia naturaleza que es forzada a emerger bajo estrés y presión máximos.

Uno jamás está tan tenso como cuando está bajo ataque. En este acto, la fortaleza de uno y emerge con una nueva visión de sí mismo y en muchos casos, una visión de su verdadero ser. Este es el primer paso hacia la autorrealización.

El legendario espadachín japonés, Miyamoto Musashi, descubrió que mientras más buscó la competencia y la eficiencia en su formación, mientras más busco la competencia y la eficiencia en todas las cosas; empezó a buscar un propósito más profundo en todo lo que hacía.

Cuando practicaba la agricultura, él tomó tierras inutilizables por años de inundaciones y las transformó en tierras productivas construyendo sus diques y campos en la forma del flujo natural del agua. Los granjeros construyeron un santuario en su honor por sus ideas y oraban en ese santuario a diario. El descubrió que cada parte de su vida afectaba a cada otra parte de su vida, y así empezó a buscar la espiritualidad en cada aspecto de la misma.

El combate genera grandes demandas en las capacidades de un guerrero. Dichas demandas actúan como poderosas situaciones de aprendizaje para el autodescubrimiento y la auto-confrontación.

Confrontando la muerte

“Derrotar a mil enemigos está bien, pero el samurái que se derrota a sí es el más grande de todos los guerreros” – El Dhammapada

Quizás la primera y la más importante de ellas es la confrontación a la muerte. A través de la vida somos esporádicamente enfrentados ante la muerda, ya sea a través de la familia, en la televisión o literatura. En el mundo moderno estamos muy familiarizados con la muerte, pero raramente somos enfrentados con la perspectiva de nuestro fallecimiento personal. Pero cuando llega el momento, en su mayoría será en un evento repentino, irrevocable e inconveniente del cual no aprendemos nada. El artista de artes marciales no ignora o espera la muerte, sino que camina hacia ella.

En las artes marciales, la muerte es una presencia constante. Toda su actividad gira entorno a ella. El ataque, defensa y contraataque son realizadas como una situación de vida o muerte se tratase. Con la habilidad, el vigor de las acciones aumenta y, si uno usa armas, puede emplearlas, por ejemplo, una espada desnuda en vez de una de bambú o madera – todas las cuales hacen la situación genuinamente peligrosa. El practicante confronta a la muerte y hace la paz con ella, en el conocimiento de que es inevitable. Con este entendimiento, ya no existe más el miedo, y el artista marcial es realmente libre.

Todos los sistemas espirituales establecen una confrontación con la muerte, ya que confrontar la muerte es quizás el elemento más importante de la espiritualidad. Las prácticas preparatorias básicas del budismo incluye el reconocimiento de que la vida de uno es corta y de que mañana podemos morir. En el rito “Chod” del Tíbet, los practicantes visitan una tumba de noche (donde los cuerpos son dejados expuestos a los elementos y a animales carroñeros) e invitan a los demonios  venir a llevarlos. Cristianos y musulmanes invitan al Todopoderoso a llevarse sus almas en cualquier momento.

El miedo a la muerte es el más grande obstáculo para el artista marcial. Este miedo tiene una cualidad de rigidez, de parálisis o de pérdida de control; uno puede quedarse congelado del terror, o entrar en pánico y reaccionar ciega e irracionalmente. Tales reacciones, entrometiendose en un momento crucial del combate, puede significar la muerte incluso para el más hábil peleador.

Pero la liberación de este miedo incapacitante, libera grandes poderes. Hay una historia de un maestro de la ceremonia del té de la provincia de Tasa – un hombre sin habilidades marciales, pero de una gran realización meditativa y espiritual. Sin querer ofendió a un Samurái de alto rango y este lo desafió a un duelo.

Él acudió al maestro Zen local en busca de consejo. El maestro le dijo que francamente tenía pocas probabilidades de sobrevivir al encuentro, pero que podría asegurarse una muerte honorable tratando el combate como lo haría en un ritual formal de la ceremonia del té. El debería componer su mente, no prestando atención a los pequeños ruidos de los pensamientos sobre la vida y la muerte. Debía agarrar la espada con determinación, como si de la cuchara en la ceremonia del se te tratase; y con la misma precisión y concentración mental con la cual el vertería el agua hirviente dentro del té, debería dar un paso hacia adelante, sin pensar en las consecuencias y abatir a su oponente de un solo golpe.

El maestro del té se preparó en consecuencia, abandonando todo miedo a la muerte. Cuando la mañana del duelo llegó, el Samurái, viendo la serenidad total e intrepidez de su oponente, quedó tan asustado que rápidamente rogó por perdón y dio por terminada la lucha.

El reconocimiento y el triunfo mental sobre la muerte es el más grande poder del artista de artes marciales, en el cual se concentrará en el hecho de que tiene poco tiempo y por lo tanto deja que sus actos fluyan en consecuencia. Cada acto es su última batalla en la tierra, y sólo con ésta filosofía sus actos tendrán su verdadero poder. De otra forma serán mientras viva, los actos de un hombre tímido.

En las palabras de una leyenda samurái, “Ser tímido está bien has de ser inmortal, pero si estás por morir no hay tiempo para la timidez, simplemente porque la timidez te hace aferrarte a algo que sólo existe en tus pensamientos”. Esto lo calma mientras todo está en calma, pero entonces el mundo impresionante y misterioso abrirá su boca para usted, como la abrirá para cada uno de nosotros, y luego usted comprenderá que sus caminos seguros no estaban seguros en absoluto. Ser tímido nos impide examinar y aprovechar nuestra parte como hombres.

 

Dominio de la Energía

Para el artista marcial, la Energía se manifiesta dentro de cada individuo como espíritu, y el espíritu en cada individuo se manifiesta como la mente. Esta Energía o “Chi”, como es conocida en China, o “Ki” en Japón, lo impregna todo, y de aquí que sea tanto la conexión más fuerte del artista marcial con su enemigo así como su arma más fuerte contra éste.

El dominio de esta energía es un elemento central de todas las formas tradicionales de la práctica de las artes marciales. Dos expresiones ampliamente reconocidas de este ideal son el arte chino del Tai Chi Chuan, y el arte japonés del Aikido.

El Tai Chi Chuan integra muchos elementos de la cultura china tales como filosofía y religión, medicina y práctica militar. Obtiene su inspiración para el movimiento principalmente de la filosofía del yin y el yang. Incorpora la teoría de los Cinco Elementos de la cosmología y los principios del Bagua (“Ocho Trigramas”) junto con el movimiento, creando un flujo continuo de movimiento que refleja las ideas detrás de estas ideologías.

El símbolo del Yin-Yang, que a menudo se encuentra unido con el Tai Chi Chuan, representa la interacción de Yin y Yang. El Yin y el Yang son mostrados en cantidades iguales, pero la parte Yin del Yin-Yang contiene una pequeña cantidad de Yang, y la parte Yang, una igualmente pequeña cantidad de Yin.

Los antiguos chinos veían el universo como una unidad enorme con cada parte de él relacionada con y dependiente de cada otra parte. Dentro de esta unidad hay un cambio continuo en un ciclo interminable entre dos compañeros, el Yin (femenino, oscuro, suave, dócil) y el Yang (masculino, duro, agresivo).

  “El universo está completamente hecho de estas dos formas de energía, y a fin de que todas las cosas progresen armoniosamente, las fuerzas de Yin y Yang deben constantemente interactuar la una con la otra. Mientras hacen eso, cada una debe evolucionar, con el tiempo, hacia su opuesta, tal como el día gradualmente se convierte en la noche. Por esta razón, todo lo que parece ser Yin contiene algún Yang y todo que es Yang también contiene algún Yin, sin lo cual el cambio no sería posible

 – Chen Lei.

 A partir esta visión de la existencia y energía, el estilo del Tai Chi Chuan fué construído. Es una expresión física perfecta de la filosofía Yin-Yang y funciona dentro de los mismos parámetros y limitaciones.

Mientras otros estilos marciales son violentamente rápidos y rígidos, el Tai Chi es lento y controlado, con técnicas que fluyen sin parar entre sí. Tal como la energía del Yin-Yang mantiene un flujo continuo, así lo hace la técnica Tai Chi. No hay una detención y un arranque rígidos, sólo una mímica natural controlada de la energía. Es por esto que el  Tai Chi a menudo es visto como una de las Artes Marciales más gráciles y pacíficas. Tal como la energía es circular en su flujo, todo el ejercicio en el Tai Chi es circular en la dirección, y así como la energía es un fenómeno natural, las posturas de defensa del Tai Chi tienen siempre una forma natural, no rígidas posturas militares como las del boxeo.

 La práctica eficaz del Tai Chi se basa en un entendimiento puro y profundo del Yin-Yang, la visión que el Tai Chi tiene del Chi y del Universo. Sin esta dimensión espiritual de dicho arte, el estudiante no está practicando Tai Chi, sino que él simplemente está realizando movimientos vacíos de poco significado para sí mismo o para el mundo que lo rodea.

Otro arte que trata con la dinámica de la energía fue fundada por Morihei Ueshiba en 1942. El arte japonés del Aikido fue considerado una continuación de las artes de los Samurai, y toma prestada la mayor parte de su dimensión y expresión espiritual del Bushido (El Camino del Samurai), en particular su uso de prácticas tradicionales de espada. Es un sistema relativamente contemporáneo y en gran parte una continuación de los valores y de la cultura japonesa como una cultivación de filosofía y espíritu.

El significado de Aikido es literalmente el “hábil camino de descubrimiento de acumulación de Ki”. Ki es la traducción japonesa de Chi, y comparte una definición idéntica. Se sugiere que el Ki “nació” en el mismo instante que el resto del universo, y que todos nosotros somos todos nacidos del Ki del universo. Todos los organismos vivos tienen un acceso igualitario al Ki, y él recorrerá nuestro sistema si lo permitimos. La práctica diaria del Aikido está dirigida principalmente al mantenimiento de un estado física y emocionalmente equilibrado, y a practicar las formas de cultivar dicha energía.

Tal como el Tai Chi, el Aikido es una expresión física de este modo de ver el mundo. Como resultado, no tiene ninguna forma de ataque, porque atacar a un oponente sería como atacar a un miembro de la familia o de dañar el flujo de la energía del Ki Universal que sostiene al mundo. Una vez más, a causa de que el Ki se mueve constantemente, así lo hace el artista marcial, con todo el juego de pies del Aikido ocurriendo en patrones circulares. El Aikido también pone gran atención en el aspecto de equilibrio de la energía, y de aquí que haya creado una conciencia de equilibrio esencial para sus maniobras. Las técnicas principales del estilo implican patrones particulares de lanzamiento y lucha que son precisamente dependientes del perfecto equilibrio de quien lo practica.

En el Aikido, como en todas las Artes Marciales, el equilibrio físico y el emocional son co-dependientes. El equilibrio físico ayuda a engendrar el equilibrio emocional. Una comprensión de la naturaleza de nuestro espíritu ayudará al practicante a crear una alineación eficaz de pensamiento y acción. Cuando cada aspecto del individuo está alineado, el individuo está mejor capacitado para adaptarse y cambiar.

La Espiritualidad y el Samurai

El Camino del Zen perpetúa las más antiguas tradiciones budistas. Esto significa el estado natural perfecto de iluminación. El Zen no puede ser racionalizado, sólo experimentado, vivido y realizado. Imposible de conseguir mediante el pensamiento concreto y el análisis, el Camino del Zen es encontrado a través de la práctica meditativa que involucra tanto a la mente como al cuerpo. El Zen puede ser considerado una expresión única del budismo Mahayana. Se originó en las regiones del Norte de la India y posteriormente se trasladó a China y luego a Japón, donde se convirtió en una fuerte influencia a partir aproximadamente de 1190 d.C. en adelante. Ejerció tal influencia, que hasta hace unos años habría sido difícil encontrar una persona de orígenes japoneses nobles que no hubiera sido expuesta a la filosofía Zen.

El Zen ofrece una perspectiva interesante en el mundo de las Artes Marciales y la espiritualidad, porque se hace difícil ver dónde finaliza la filosofía espiritual y dónde comienza la práctica marcial. Mientras la mayoría de las filosofías de arte marcial son un proceso constructivo que nos suministra instrumentos y entendimiento, la experiencia del Zen es un proceso destructivo, en el sentido estricto en que quita de nuestras vidas las cosas que nos impiden la iluminación. La liberación obtenida por el Zen deriva en una autonomía absoluta. No hay dioses, ni denominaciones, y ninguna autoridad superior. Es necesario abandonar todas las muletas y proceder a avanzar sin ayuda.

 El rol del Zen en la sociedad samurai es extraordinariamente complejo. Sostuvo el espíritu guerrero de dos maneras: moralmente, porque el Zen es un sistema que enseña al individuo a no mirar hacia atrás una vez que el curso ha sido decidido; y filosóficamente, porque el Zen trata a la vida y a la muerte con indiferencia.

El texto clásico “Hagakure” o “Escondido tras las Hojas”, atribuído al samurai Yamamoto Tsunetomo, declara que “El Camino del Samurai se encuentra en la muerte”, y continúa diciendo que el samurai es poderoso porque su mente ya no está atada ni a la vida ni a la muerte. El samurai “conquistará la inmortalidad muriendo sin vacilación”. Los grandes hechos son llevados a cabo cuando uno alcanza el estado Zen de “no-mente”.

Es a través de este estado Zen de “no-mente” que el manejo de la espada se convierte no en un acto de matanza sino en un instrumento de auto-disciplina espiritual. El individuo, la espada y el objetivo se convierten en uno. La espada se mueve por sí misma bajo la influencia del objetivo sin ninguna decisión individual, siempre encontrando un golpe perfecto. El reconocimiento del dominio en la espada es también el reconocimiento de un grado superior de la espiritualidad Zen. El concepto Zen de “no-mente” es uno de los más influyentes para inmiscuirse en la psique samurai.

Una mente inconsciente de sí misma es una mente que no es perturbada en absoluto por afectos de ninguna especie. Se trata de la mente original y no de la engañosa que está repleta de afectos. Siempre está fluyendo; nunca se detiene ni se vuelve sólida. Llena todo el cuerpo, difundiendose por cada parte del cuerpo. Nunca es como una piedra o como un pedazo de madera. Si debiera encontrar un lugar de descanso en alguna parte, no es una “mente de no-mente”. Una no-mente no conservará nada en ella. Es por ello llamada mushin. (G.R. Parulski)

Este “vaciamiento de la mente” se aplica a todas las actividades creativas, como el baile y el manejo de la espada. La mente fluye libremente de un objeto a otro, no deteniéndose en ninguna singular preocupación. En este proceso la mente es libre y realiza cada función requerida de ella. Cuando la mente se detiene en un pensamiento singular, pierde su libertad. No puede oír, no puede ver, aun cuando el sonido entra en los oídos o la luz destella delante de los ojos. Cada mente tiene la naturaleza de Buda, y cada persona ya está liberada más allá del nacimiento y la muerte. Ellos sólo deben comprender este hecho. El Zen procura promover esta comprensión, el proceso gradual que es mencionado como Satori. La consecuencia del Satori es una manera completamente nueva de ver el mundo y el lugar de uno dentro de él. Según el Zen, la liberación no debería ser buscada en el mundo venidero, ya que éste es el siguiente mundo y ya está liberado. Estamos ya en nuestro objetivo, aunque no podamos comprenderlo.

El Zen no requiere involucrarse en especulaciones, textos o escrituras sagradas, y cada teoría es válida sólo como una indicación hacia el Camino. Originalmente una doctrina secreta, transmitida por Buda a su discípulo Mahakashyapa, el Zen mismo surgió como una reacción contra los rituales fantásticos y superfluos del hinduismo tradicional, y mientras aparece como completamente relajado en la forma, realmente funciona sobre la base de una severa autodisciplina que apelaba al samurai. Lejos de las rudas prácticas ascéticas de los sistemas contemporáneos, la disciplina Zen implica una forma más sutil e interior que actúa en cuatro niveles.

El primero es el dominio de los objetos externos, en particular de las reacciones que emanan de ellos. El alumno debe entender que cada vez que un anhelo lo conduce hacia algo, él no está en control del objeto externo sino que más bien es el objeto el que está en control de él. “Él que ama un licor, se ha engañado a sí mismo con el pensamiento de que él está bebiendo el licor; la verdad es que es el licor el que lo está bebiendo” (Hagakure).

 La segunda etapa ve al alumno dominar el cuerpo físico. A menudo en este nivel el entrenamiento marcial acompaña al crecimiento espiritual como una contraparte iniciatoria. Es de aquí que surgieron las leyendas de samurais y maestros sobrehumanos que podían resistir los extremos de calor y frío, y romper árboles y piedras con sus manos desnudas. El samurai ejerce el dominio sobre su cuerpo y el dominio sobre su propio funcionamiento mental.

Imagine su propio cuerpo como algo distinto de usted. Si grita, tranquilícelo en seguida, como una madre estricta hace con su propio hijo. Si es caprichoso, contrólelo como lo hace un jinete con su propio caballo, mediante la brida. Si está enfermo, adminístrele medicinas, como un doctor hace con un paciente. Si le desobedece, castíguelo, como lo hace un profesor con un alumno. (Hagakure)

La tercera etapa implica controlar la emoción personal, y establecer un equilibrio interior. Mediante prácticas meditativas el alumno confronta cada miedo y entusiasmo, en un intento de “tener el corazón bajo control”.

La cuarta etapa es el rechazo del Ego, y es la más difícil. El núcleo de la filosofía promueve una forma más alta de espontaneidad, libertad y tranquilidad en la acción. Las artes tradicionales se originaron en el Oriente como una respuesta y como ejecución de este estado mental. Muchas de estas artes fueron desarrolladas como medios para conseguir la conciencia Zen. Mientras la mayoría es marcial en su naturaleza, el elemento Zen se extiende al arte del drama, la ceremonia del té, los arreglos florales y la pintura. El dominio en cualquiera de estas artes no puede ser conseguido sin la iluminación interior y el poder transformativo del Zen.

Generalmente el Zen no promueve la existencia tipo ermitaño encontrada en la leyenda sino que más bien pide que el practicante viva en el mundo en un estado Zen de conciencia que debería ser permanente e impregnar cada experiencia y actividad. El alumno trabajará con su mente y cuerpo hasta que ellos hayan alcanzado el límite extremo de todas las facultades naturales, y finalmente consigan el Satori. Sólo se supone que el estudiante pase el período de adiestramiento en monasterios Zen, y una vez que ha conseguido el Satori, el estudiante vuelve al mundo, eligiendo un modo de vida que calce con sus necesidades.

Los sistemas de Artes Marciales están todos unidos en el hecho de que ellos exigen del practicante que reajuste su estilo de vida. Aparte de ser una búsqueda intelectual y física, la práctica verdadera surge en la expresión del Arte a través de la vida y el pensamiento diarios de uno. Asistir a una clase de Artes Marciales una vez por semana no liberará el enorme potencial transformativo de esta opción, pero lo encaminará hacia un sendero antiguo que ha afectado las vidas durante siglos. Como todos los esfuerzos espirituales, esto requiere compromiso y paciencia.

**Este artículo aquí expuesto fué publicado en la revista “New Dawn” (Nuevo Amanecer) Nº 85 (Julio-Agosto 2004).**

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-Traducido por Revista ¡Despertares!

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