El libro de Enoc es más bien conocido por el mundo como un libro apócrifo, ya que en el siglo IV la iglesia católica decidió descartarlo de la Biblia, transformándose así en un libro prohibido que no debía ser leído.

En él existen relatos sumamente controversiales, como del mismo modo, coincidentes con el relato oficial. Según este libro, Enoc, que significa “el iniciado”, fue un patriarca bíblico padre de Matusalén y bisabuelo de Noé, el séptimo después de Adam. En él se cuenta cómo Enoc fue iniciado por un Dios llamado Yahvé. En los rituales de sangre, como también en la creencia monoteísta, alejando al hombre de todo conocimiento y libre albedrío, una supuesta manipulación albergada en la ignorancia, la esclavitud y el temor, de otra forma no se puede justificar la presencia de ciertos seres o ángeles al que llamó “custodios o vigilantes”. En todo el relato Enoc jamás se refirió a Yahvé como Dios, sino como señor.

Quizás la historia más interesante que en él se relata sea cómo algunos ángeles, llamados ángeles caídos, se relacionaron con las hijas de los hombres y dieron como descendencia a gigantes, más conocidos como Nefilim.

Enoc cuenta que un día, mientras él dormía, recibió la visita de dos seres que según él, eran muy altos, sus rostros brillaban como el sol y sus manos más blancas que la nieve; en todo el relato haría como si fueran seres de luz. Ellos le dijeron que subieran al carro del espíritu, el cual era como estar a bordo de un palacio que surca los cielos. Éste lo transportó al que él llamó “cielo de los cielos”; en él vio una edificación de cristal con lenguas de fuego. Cuando entró en él vio que tenía un suelo transparente desde donde se podía ver las estrellas mientras se alejaba de la tierra. Todo este relato nos haría suponer que se trata de una nave espacial.

Después continúa diciendo: “vi un lugar desierto y terrible, allí vi siete estrellas parecidas a grandes montañas que ardían y cuando pregunté sobre esto, el ángel me dijo: este sitio es el final del cielo y de la tierra, ha llegado a ser la prisión de las estrellas y de los poderes del cielo.”

La fascinación de Enoc fue tal, cuando antes sus ojos divisó un lugar lleno de árboles frutales y manantiales que daban miel. Allí vio unos doscientos ángeles; pero contrariamente a esta descripción, quedó sumamente aterrorizado cuando lo llevaron a las salas infernales y pudo constatar que otros ángeles estaban siendo torturados cruelmente. El vigilante que lo acompañaba le dijo: “este sitio es la prisión de los ángeles y aquí estarán prisioneros para siempre”. Enoc preguntó luego cuál era el motivo por el que estaban siendo torturados, a lo que el vigilante le contestó que era porque habían desobedecido a las órdenes del señor. Estos son los vigilantes que descendieron sobre la tierra y revelaron a los humanos lo que era secreto.

Dirigiéndose a uno de ellos dijo: “este… reveló (a los hombres) todos los secretos de su sabiduría, enseñó a los humanos a escribir con tinta y papiros, son muchos lo que se han descarrilado a causa de ello.”

Lo escrito en este relato, llevaría a la conclusión de que los ángeles no estaban siendo torturados por unirse a las mujeres humanas, como se cuenta en otros escritos antiguos, sino por revelar conocimientos a los hombres que podrían hacerlos más libres y conscientes de su realidad.

Los ángeles caídos habían enseñado la escritura, la metalurgia, la astronomía, adivinación, los misterios solares, los ciclos lunares para la agricultura y la curación de las enfermedades. Por esta razón fueron castigados por Yahvé, y también denominados como malvados en la mayoría de los textos religiosos.

La descendencia de Enoc y el legado

Yahvé ordenó a sus ángeles que enseñaran a Enoc la escritura y las ciencias celestes, una contrariedad ya que había castigado a muchos ángeles por éste motivo, lo cual hace suponer que fue una manera de manipular a los humanos, ya que le enseñó todo lo que debía escribir y transmitir a los seres humanos. Después le ordenó diciendo:

“Desciende a la tierra y dile a tus hijos todo lo que te he dicho y todo lo que tu has visto. Entrégale a ellos los libros manuscritos y ellos lo leerán y me conoceran como el creador de todas las cosas y ellos entenderán que no hay más dios que yo”. (2 Enoc 33: 2-9)

El señor le dió treinta días a Enoc para que volviera a la tierra y transmitiera esas enseñanzas y luego regresaría a los cielos para no retornar jamás.

Enoc confió todo esos escritos a su hijo Matusalén, el cual le dice:

“preserva hijo mío, el libro de la mano de tu padre y entrégalo a las generaciones del mundo”. (1 Enoc 82: 1)

A través de las tablillas celestiales, Enoc pudo ver el futuro, como el diluvio universal, que mil años después se produciría. Aquel que poseyera dichas tablas podía gobernar el mundo.

A Enoc le dijeron que dar conocimiento al humano era pecado, que debía ser sumiso y obediente, no cuestionar en ningún momento la ley del señor, que esa era la única forma de salvarse de la tortura y la muerte.

Relatos como los del libro de Enoc, tienen mucho en común con historias contadas por abducidos en todo el mundo, sobre todo en el punto en que deja entrever un mensaje a través de ello. Lo que en verdad no sabemos es la intencionalidad tras dichos mensajes y el hecho de abducción misma.

No te vayas sin comentar: