¿Qué es aquello que nos hace sentir y percibir en el interior de nuestro ser, lo más abstracto de la vida; aquello que se escapa a los sentidos, nuestra más básica y primitiva conexión con el mundo que nos rodea?

Como una fuente inagotable de recursos, donde la energía de la naturaleza nos transmite su lenguaje de vida más allá de la percepción de nuestros cinco sentidos. Si recoges una flor, no sólo percibirás el sutil aroma de su hermosura, sino que también la agradable vibración de su existencia.

En realidad, todos somos capaces de percibir más allá de los sentidos, porque es lo único que en realidad nos diferencia de los animales o al menos es lo que comúnmente se dice, aunque no estemos totalmente convencidos de ello. Prueba de esto es que sólo el hombre es capaz de extinguirse a sí mismo, y no precisamente respondiendo a una necesidad básica de supervivencia, más ningún otro en el reino animal se cumple este comportamiento de autodestrucción consciente.

En ese percibir del mundo que nos rodea, podemos darnos cuenta que se origina la verdadera razón de cómo nos sentimos, el origen innato de nuestras emociones, a través de la cual la reacción es una consecuencia indirecta de esa percepción.

No en balde si algo nos enfada es debido a la impresión que hemos recibido del exterior, como así también si algo nos hace feliz, es consecuencia de la impresión que hemos recibido de nuestro alrededor.

Es necesario aclarar que en este mecanismo,  a cada uno de nosotros no nos entristece ni nos alegra de la misma manera las cosas que nos suceden. Como por ejemplo, lo que nos hace feliz a unos puede entristecer a otros, cómo la felicidad de algunos, puede ser el padecer de otros. Como en la contracara del amor y el odio, la felicidad y la tristeza, también se tendrá la misma intensidad de percepción; porque en la misma medida en que se ama también se puede odiar, y la capacidad que poseemos para ser feliz será la idéntica para sucumir en la depresión y la tristeza, como una ley que rige nuestras emociones, la cual somos total y directamente responsables de ello, aunque nos cueste creerlo.

Es preciso comprender que todo esto, no es ajeno a nuestro control y al manejo de nuestras emociones, porque durante nuestra larga vida se nos ha enseñado muchas cosas, menos a ser dueños de nosotros mismos.

Psicológicamente hablando, siempre precisamos la ayuda de terceros para escapar de alguna situación difícil que nos aqueja, sin tomar en cuenta que principalmente necesitamos de nosotros, de la fuerza y la determinación que impartamos en esa lucha, porque nadie absolutamente puede hacernos más daño que el que venga de tu propia mano.

De la misma manera que nos impresionan las cosas, será la emoción y la reacción de que él devenga, porque la reacción siempre es inmediata cuando no se le da lugar a la razón o a la reflexión, porque casi siempre reaccionamos ante los hechos pero jamás reflexionamos acerca de nuestras reacciones. A todo esto es necesario comprender que una agresión se transformará en el preciso momento en que decides aceptarla como tal, o quizás no; la decisión siempre será tuya, entre la posibilidad de elegir omitir y darnos cuenta que valemos mucho más que eso, incluyendo la inestabilidad emocional de tu equilibrio personal. Todo pasará por la vara en que se miden las cosas que suceden a nuestro alrededor.

Como dueños absolutos de nuestras impresiones, nada nos enfadará en realidad, ni nada nos alegrará totalmente. Este dominio sobre las emociones es difícil de creer y entender, ya que siempre se ha tomado a la psiquis humana como algo fragmentado de la cual no somos dueños, y las impresiones jugarán un papel muy importante sobre esas emociones y las reacciones que de ella devenga.

Una cuota fundamental en todo esto también dependerá de la intensidad del amor que poseemos hacia nosotros mismos, la imagen y el juicio que nos hemos formado hacia nuestra persona.

Cabe aclarar que no hago alusión al narcisismo extremista donde nos ubicamos en un lugar de superioridad ficticia, creyendo que nada nos llega para mal, siendo que en realidad es todo lo contrario; porque nada con vida en este mundo puede sobrevivir en soledad, soledad que a la larga otorga el “egoísmo”, donde agonizará lo más preciado de nuestro ser, que es armonía capaz de conectarnos en la forma más precisa con todo el mundo que nos rodea.

Los juicios formulados con una mente prejuiciosa y condicionada, harán que nuestras impresiones sean mucho más negativas de lo que son.

Debemos tener en claro qué es lo que queremos para nuestra vida y la manera en que deseamos vivirla, para que nuestra impresiones no recaigan en una emoción totalmente negativa que escape a nuestro deseo, y por consiguiente comenzar a ser dueños de nuestros pensamientos, nuestros actos y de nuestra vida; con la armonía y el equilibrio exacto sin la necesidad de traicionarnos a nosotros mismos y a nuestro verdadero ser.

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