Despertar la conciencia, es una frase tan usada, repetida, trillada; hasta el punto de no saber en realidad, qué estamos diciendo en la profundidad de su significado. Si lo retomamos, la palabra conciencia en un análisis psicológico y crítico a la vez, como una parte sumamente importante de nuestra personalidad y de nuestra humanidad,  nos daríamos cuenta la poca información que tenemos con respecto al tema.

Hablar de conciencia no es algo simple de tomar como objeto de estudio, siendo algo indivisible de nosotros. Lo transforma en un motivo mayor de confusión y tergiversación de conceptos, porque hablamos de conciencia como si fuera algo que no formara parte de nuestro pensamiento y capacidad de razonar y discernir.

El nivel evolutivo de conciencia, influenciará directamente sobre el discernimiento de todas las decisiones importantes en la vida, y aún más sobre nuestra capacidad de razonamiento y comprensión para detectar con claridad cosas que no se presentan a simple vista. Con la intuición de presentir el peligro de algún camino equivocado y la valentía de reconocer y enmendar los errores, pero con el tesoro acumuado de la sabiduría de una conciencia mucho más despierta. Como aquellos faros que al final del mundo, rompe la hierba con su luz, indicando al navegante el rumbo.

Desarrollar y despertar la conciencia, regalo divino para nuestra condición humana, es menos difícil realizarlo si lo hacemos con una mentalidad sin prejuicios, ni condicionamiento adquirido, haciendo uso legítimo de nuestro libre albedrío, más allá de que si en realidad creamos en Dios o no; aunque la ciencia afirme que es prácticamente imposible que algo o alguien pueda venir de la nada. Por lo tanto a ese algo o alguien, como quieran llamarlo, nos regaló una inteligencia y el poder de una conciencia para el desarrollo de nuestra evolución humana.

Ahora bien, si hablamos de una despertar de conciencia en el plano espiritual, se torna un tanto más difícil de interpretarlo de una manera más objetiva y a la vez contradictoria, al encontrarse en un terreno donde sentimiento y cuestiones encontradas como la fé, fanatismo, creencias, ignorancia y un ego disfrazado de altruismo, nos enfrenta cara a cara con nosotros mismos; como el ateo que dice no creer en Dios, pero fanatiza con alguna práctica luciferina.

Pues debería plantearse la cuestión de dualidad, y saber que como existe la oscuridad, también existe la luz. Al silencio absoluto, sólo le basta un simple sonido, y que el bien y el mal son polos opuestos. Similar a Dios y al Diablo, entre ambos sólo una cosa en común, la espiritualidad errática del hombre.

Cuesta creer que alguien, inteligentemente hablando, pueda no creer una sola palabra de lo que en la Biblia dice, lógico, respetando el derecho y el libre albedrío en querer hacerlo o no, termina creyendo en las palabras huecas de alguna curandera o en ciertas prácticas dudosas energéticas de sanación, existente sólo en la boca de quien astutamente lo dice, sin ningún fundamento ni prueba fehaciente que lo avale, sólo el efecto placebo de una mente crédula e incauta. Como el ilusionista que nos hace creer  la extraordinaria fantasía de su magia, con tan sólo un truco habilidoso y bien logrado.

Quizás deberíamos asumir el hecho de que en realidad, en materia espiritual, poseemos la madurez de un niño indefenso, porque bien sabido es que no todos los caminos nos conducen a Dios, y que en esta búsqueda de evolución espiritual, bloqueamos nuestro más valioso instrumento de existencia (inteligencia y comprensión) para no caer en prácticas y creencias totalmente opuestas y negativas, y comprender que si Dios nos regaló el razonamiento, la inteligencia, y una conciencia es para ser usada debidamente.

Palabras y frases como “energía cósmica, kundalini, sanación universal, ascensión, canalización y contactos con seres (quién sabe de donde)”, son usados con frecuencia como un cuento que se repite en muchas sectas y prácticas, sin entender en profundidad el motivo por el cual todo esto es usado para la confusión y el engaño.

Prácticas de relajación, meditación y ejercicios tanto de origen oriental como hinduista, son utilizadas desde hace mucho tiempo en occidente, sin antes tener la debida conciencia y precaución de interiorizarse sobre su origen real, no el que se nos presenta como algo bueno y beneficioso.

El esoterismo en general como muchos juegos de magia sea blanca o negra, (Tarot, Ouija, etc.) que se nos presenta como algo inofensivo, son practicados a menudo incautamente sin tomar en cuenta, la influencia negativa que puede llegar a ejercer sobre nosotros; porque bien es sabido que todo proviene del mismo lado oscuro.

“Deuteronomio 18:10 – No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.”

Cabe mencionar también que el engaño y la mentira no sólo es atribuible a sectas y prácticas poco convencionales, sino también a religiones y creencias oficiales, conocidas y practicadas por el mundo entero.

Es lamentable comprobar cómo cada vez es mucho más difícil encontrar un camino hacia nuestra evolución espiritual en todas estas grandes instituciones, donde debería ser el ejemplo cabal de un recto pensar y, por consiguiente, de un recto actuar.

Por todas estas razones y una cuota de ingenuidad, desinformación y obstinación, se hace muy complicado regresar de un despertar de conciencia engañoso y programado. Porque como se dice “Es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados”.

“San Juan: Conocerás la verdad y la verdad os hará libres”.

A pesar de todo, quizás debemos asumir e interpretar que esta parte engañosa que desestabiliza y manipula nuestro libre albedrío, puede ser utilizado de forma positiva para encontrar nuestra verdad en Dios y despertar de conciencia. Porque es muy probable que la verdadera religión, es la que se hace individualmente y en intimidad con Dios, volviendo a nosotros y a lo que una vez Jesús nos dijo:

“Yo soy el camino a la verdad y la vida, nadie llega al padre sino por mí, si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi padre y ya desde este momento lo conocen y lo han visto.”

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