Aunque el humano sea uno de los pocos seres capaz de alimentarse y digerir casi cualquier cosa, como por ejemplo vegetales, semillas, carnes, insectos y un sin número de alimentos que, en el mundo, la variedad de alimentación es infinita de un país a otro.

Citamos también que en el transcurso del tiempo, el arte culinario ha variado a través de los años; alimentos que antes se consumían con mayor frecuencia, hoy se dejaron de consumir. Esto, y debido a las grandes corporaciones de la alimentación, que en definitiva son los que marcan nuestros hábitos alimenticios y costumbres conformistas, nos invaden con alimentos procesados y listos para servir, lógico en detrimento de nuestra salud y deterioro del propio organismo.

Es tal el lavado de cerebro que a pesar de escuchar constantemente las denuncias que sobre estas industrias decaen, justificamos nuestro proceder consumista aseverando que no hay variedad de alimentos para consumir; es irónico buscar la solución de nuestra mala alimentación justo en el mismo lugar donde nos convencen de que tal o cual alimento procesado es bueno para nuestra salud, y eso es porque las grandes cadenas de supermercado son el último eslabón de éste mecanismo macabro, perjudicial para nuestra vida.

Cada vez consumimos menos variedad de alimentos, de menor calidad y mucho más nocivos, debido a la desinformación de que existe más cantidad de alimentos con el cual podríamos elevar nuestro nivel alimentario; en cambio decidimos caer en la trampa de consumir lo que las industrias y las grandes corporaciones nos indican.

Pero lo espantoso de todo estos es que son alimentos altamente cancerígenos como por ejemplo:

Margarinas: este alimento es el sustituto de la manteca, se encuentra en casi toda clase de panificación. Es un aceite vegetal, normalmente más barato, aceite que en realidad es transformado químicamente, de un estado líquido a sólido; y para que este proceso se lleve a cabo es necesario llevar el aceite a muy altas temperaturas, incluyendo en su composición hidrógeno para solidificar su apariencia, lo que es conocido como “grasas hidrogenadas, o parcialmente hidrogenadas”. Estas se oxidan durante su elaboración y ello tiene la consecuencia de liberar radicales libres y en gran cantidad; cambiando en su estructura química para lo cual se utiliza hexano como disolvente industrial, lo cual el resultado final de este producto es cancerígeno.

Aspartamo: este compuesto se encuentra en un sinfín de productos diet o bajos en calorías, como las gaseosas, jugos, edulcorantes y productos sin azúcar.

El aspartamo es un edulcorante químico número uno de Monsanto, presente en la mayoría de nuestra dieta. Lo malo es que una vez en el organismo genera ácido aspártico, metano y fenilalanina. Estudios clínicos en los que se suministraban dosis de aspartamo, desarrollaban distintos tipos de cáncer; las agencias de seguridad alimentarias aseveran que en pequeñas dosis es inofensivo, al no poder justificar tamaños resultados químicos.

Palomitas de maíz para microondas: el problema peligrosísimo no se encontraría en el mismo maíz, sino en el recubrimiento de la bolsa, la cual posee una sustancia antiadherente para evitar que dicha bola se incendie, y se denomina ácido perfluorooctanoico. Este producto es un derivado del teflón, el cual mezclado con el calor forma un gas, que puede provocar cáncer de pulmón. Esto se descubrió debido a un alto índice de cáncer de pulmón que había en una fábrica dedicada a la elaboración de este producto.

Hamburguesas, salchichas y otros productos derivados de las carnes procesadas: su composición se hace sumamente peligrosa debido al alto porcentaje de nitritos. Estudios recientes relacionan ciertos tipos de cáncer con el alto porcentaje de nitritos en este tipo de alimentos.

Las roscas azucaradas, o también llamadas “donas”: quizás sea el más cancerígeno de todos los alimentos procesados porque es rica en azúcar refinada, harinas refinadas, nitritos, nitratos, grasas hidrogenadas y acrilamidas. Es una verdadera sentencia de muerte para nuestra vida.

Por eso debemos tomar conciencia de que todo este atentado a nuestra salud tiene sus diversos sustitutos mucho más saludables, lo cuales deberíamos implementar en nombre de la vida, como por ejemplo la margarina tiene su sustituto en el aceite de oliva, el aspartamo por la miel o la stevia, las palomitas de maíz cocerlas al modo tradicional en una sartén, las carnes procesadas hacerlas de forma casera con carne picada ante nuestro ojos y totalmente fresca, las roscas altamente cancerígenas, por galletas o tortas caseras, realizadas saludablemente como lo hacían nuestras abuelas.

Como ustedes pueden observar opciones hay y muchas, sólo debemos despertar a nuestra conciencia y elegir lo que verdaderamente nos conviene para nuestra salud, por nosotros pero sobre todo, por nuestros hijos al que tenemos la obligación de guiar y concientizar sobre este tema de gran importancia para su futuro.

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